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Por Wendy Bello

Él y yo… ¡éramos tan jóvenes! Tanto así que era casi imposible que comprendiéramos cómo la vida cambiaría luego de decir «acepto», pero ¿sabes?, hay algo que sí recuerdo muy bien, estábamos emocionados, felices de vivir el momento, sabíamos que Dios nos había unido.

Han pasado 25 años, y no han sido color de rosa, pero la vida nunca lo es. Por la gracia de Dios, y solo así, hemos llegado hasta aquí. Sin embargo, en una ocasión escribí esta carta que, si pudiéramos retroceder en el tiempo, me encantaría poder enviar a la Wendy de aquella tarde de abril, vestida de novia. Hoy, si me permites, quisiera compartirla contigo que tal vez eres una joven esposa, o quizá lo seas algún día. 

Querida W. más joven:

Estás viviendo uno de los días más inolvidables de tu vida, y también de los más importantes. ¡Cómo me alegra verte feliz! ¿Ves que valió la pena esperar? 

El camino que tienes por delante estará lleno de desafíos. Permanecer juntos «en las buenas o en las malas, en riqueza o en pobreza, en salud o enfermedad, y hasta que la muerte los separe», es un reto grande en la vida de cualquier ser humano. Pero no olvides que todo este asunto del matrimonio fue idea de Dios, así que cuando no sepas cómo seguir, Él tiene la respuesta y la fortaleza.

Sé que estás llena de dudas y temores; pero no le creas al enemigo que te susurra que la historia se repetirá. El hecho de que tus padres se hayan divorciado no es una sentencia de divorcio para ustedes también. Cristo hace las cosas diferentes, nuevas. Recuerda lo que Dios ya dijo en Su Palabra, «mi poder se perfecciona en tu debilidad; mi gracia es suficiente; si te falta sabiduría, pídemela…» 

No olvides que estás casándote con un ser humano, pecador, frágil e imperfecto como tú. Ámalo tal y como quisieras que él te amara a ti. El amor cubre multitud de pecados. No olvides que la gracia y la misericordia son imprescindibles en toda buena relación, así Dios se relaciona contigo también. Sé humilde para pedir perdón. El matrimonio no funciona donde prevalece el orgullo. Y sí, esta unión implica trabajo arduo, ¡pero lo verdaderamente valioso nunca se logra sin esfuerzo! No pierdas el tiempo en discusiones tontas de esas que después ni recordarás el motivo. «Ganar» por lo general no es lo mejor si para hacerlo sacrificamos la relación. Una casa dividida contra sí misma, cae. Acalorada dirás cosas que nunca debieron decirse. ¡Pide a Dios que ponga centinela en tu boca! 

Este hombre con quien ahora unes tu vida tiene una gran responsabilidad sobre sus hombros, ser el líder de la familia que están formando. Decide apoyarlo y no ser un estorbo. Esas voces que te dicen que sujetarse a su liderazgo es una marca de debilidad, esas voces pretenden ignorar el diseño original de Dios. ¡No las escuches! Ora por tu esposo cada día, es lo mejor que puedes hacer. Abrázalo a diario, bésalo. Dile cuánto lo admiras. Muéstrale cuánto le amas. Y que tu actitud sea de respeto siempre. Cultiven la amistad porque ese será parte del secreto para seguir amándose en todas las etapas. Que la relación entre los dos tenga prioridad por encima de cualquier otra a nivel humano. 

Sí, en los años que vienen irás cambiando. Vendrán las canas, las marcas de la maternidad, el temor de no saber si están haciendo bien todas las cosas. Pero, tranquila, no están solos porque el Señor ha prometido su presencia… algo así como un cordón de tres dobleces. Pongan a Cristo siempre como fundamento, construyan sobre esa Roca para que la casa esté firme. 

Los hijos, si el Señor se los concede, serán una bendición siempre. No obstante, son un préstamo que Él nos hace, solo por unos años. Cumple tu rol como madre piadosa, instrúyelos en la Palabra, vive el Evangelio en casa. Cuando sea necesario, incluso pídeles perdón, eso les mostrará que tú también necesitas de la gracia de Dios. Sí, te vas a equivocar como esposa, y madre, pero en ninguno de los dos roles Dios espera perfección de tu parte. Cristo es y será tu perfección siempre. 

Así que, disfruta tu día de bodas, y cada uno de los días que el Señor les conceda juntos aquí en la Tierra. Sobre todo, no olvides que, incluso en esto del matrimonio, el fin es que Dios sea glorificado, porque solo Él puede hacer que dos pecadores puedan unirse, llegar a ser uno y vivir así hasta el final. 

Con mucho cariño,

Una Wendy mayor que te escribe muchos años después, y a pesar de las altas y bajas, todo está bien. ¡A Dios sea la gloria!

Wendy Bello es escritora y conferencista. Su deseo es enseñar a las mujeres la importancia de estudiar la palabra de Dios. Escribe para múltiples plataformas y es autora del estudio bíblico “Decisiones que transforman”. Ha estado casada por 20 años y tiene 2 hijos. Puedes seguirla en Facebook y Twitter.

4 Comments

  • Luz dice:

    Gracias Wendy por las palabras que Dios ha puesto en ti que son llenas de sabiduría para edificar las vidas de tus lecturas.

  • FATIMA CALDERON GIL dice:

    Que hermoso escrito Wendy lleno de sabiduría de Dios , gracias por compartirlo
    me encanta leerte y escucharte. Dios te siga guiando y llenando de su Amor .

    Saludos , desde los Cabo San Lucas, Baja California Sur, México

  • Ivana dice:

    Gracias Wendy por esta carta! Estoy a meses de casarme, si Dios quiere. Y necesitaba estas palabras de ánimo. A veces vienen miedos, pero la presencia de Dios estará allí.
    SDG!

  • Graciela dice:

    Gracias Wendy,Dios te bendiga grandemente

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